Mira nuestros padres; misma mesa, mismos platos, misma gente. No porque no hubiera más sitios, sino porque sabían que no hacía falta buscarlos.
Nosotros hemos probado más. Sabemos más en ciertas cosas. Venimos de Timoteo, donde tenemos nuestras manías: que si bravitas con mermelada de chorizo, gildas, la cervecita tostada…
Y entendimos que lo mejor de cada casa no es lo más nuevo ni lo más complicado. Es eso que se repite porque funciona, porque está bien hecho y porque hace que el plan se haga solo.
Lo dicho, tenemos más y, aún así, a veces preferiríamos menos. Pensar menos, decidir menos. Porque cuando todo es una elección constante, elegir cansa. Y cuando elegir cansa, lo que apetece es ir a lo seguro.
A lo mejor de cada casa.